Dios le da barba a quien no tiene quijada. Subsidios en el sector saneamiento

Por: Cecilia O´Neill de la Fuente. Jefa del Departamento Académico de Derecho de la UP

Soltero exitoso de San Isidro subsidiado por familia pobre de Carabayllo. El mundo al revés. Esto es lo que pasa cuando la regulación no mira la realidad. La estructura tarifaria de las empresas de saneamiento (EPS) tiene un esquema de precios escalonados por categorías de consumo. A mayor consumo, mayor es el precio por metro cúbico, o dicho en buen cristiano, paga más quien consume más.

Con ello se espera racionalizar el consumo de agua, y de otro lado, se espera que quienes consumen más subsidien a quienes consumen menos. Esto último supuestamente está alineado con uno de los principios de la regulación de tarifas: la equidad social. El error de este esquema es relacionar nivel de consumo con nivel de pobreza. Resultado: fatales errores de inclusión (filtración) y de exclusión (subcobertura), pues los no pobres terminan subsidiados por quienes sí lo son; o sea, Dios le da barba a quien no tiene quijada.

Se ha hecho esfuerzos normativos para corregir este error; sólo falta que se implemente la solución: que la tarifa subsidiada se aplique a usuarios residenciales con bajo consumo, pero de hogares calificados como pobres por el Sistema de Focalización de Hogares (SISFOH) administrado por el MEF. Para evitar excesos en el beneficio, sólo se subsidiaría el consumo “de subsistencia”, que permite cubrir las necesidades básicas de agua sin afectar la capacidad de pago. Esto es importante, pues uno de los objetivos del milenio planteado por las Naciones Unidas es que ninguna familia gaste más del 3% de sus ingresos para cubrir las necesidades de agua.

Con los subsidios cruzados en el sector saneamiento, incluso con las recientes correcciones normativas para que se focalicen adecuadamente, no se solucionará el problema del acceso digno a agua y desagüe, pues en un contexto en el que las EPS no pueden ni pagar los impuestos por las donaciones que reciben, una solución de fondo debería pasar por un sistema de concesiones en que el sector público y el privado hagan alianzas que permitan al Estado cuidar que a los sectores más vulnerables de la población no les falte acceso continuo a agua potable de calidad, y que permitan a los concesionarios hacer negocio.

En una reciente editorial de este diario se señalaba que una lamentable satanización de la palabra “negocio” ha conducido a que las cárceles terminen llenas de “perros” y no de “presos”, que viven en condiciones inhumanas. Pues bien, algo parecido viene ocurriendo en el sector saneamiento. Y los políticos siguen mirando al costado.

*Artículo originalmente publicado en la sección Opinión del diario El Comercio

** Imagen tomada de la galería de Water, Sanitation, and Hygiene Photos

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2 Responses to Dios le da barba a quien no tiene quijada. Subsidios en el sector saneamiento

  1. Yamil Abugattas dice:

    Sería más fácil si simplemente se eliminan todos los subsidios de este tipo y dejan que el precio se establezca con criterios más técnicos, basándose en la disponibilidad presente y futura del recurso (una valorización real). Hace ya mucho tiempo que sabemos que los subsidios causan distorsiones importantes en el mercado.

  2. Edison Tabra dice:

    Comparto lo dicho ya es tiempo de que el servicio de agua potable y alcantarillado sea concesionado. Los subsidios lo pagamos todo.

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