Mubarak o no Mubarak, he ahí el dilema

Por: Alonso Gurmendi Dunkelberg, Abogado del Estudio Echecopar

Actualmente es casi imposible prender un televisor sin ver imágenes de lo que está ocurriendo en Egipto. Contagiados por la reciente “Revolución Jazmín” de Túnez, cientos de miles de egipcios han salido a las calles para protestar contra el gobierno de Hosni Mubarak, que lleva ya unos 30 años en el poder y ha prometido no postular a las siguientes elecciones.

 

El Perú, que recientemente ha reconocido al Estado Palestino y que se prepara para organizar la Cumbre de América del Sur y los Países Árabes – ASPA, ha evitado hacer mayores comentarios, señalando únicamente que el tema de Egipto será tratado en la Cumbre. El Perú, evidentemente, se encuentra en una política de estrechamiento de lazos comerciales con el Medio Oriente y prefiere no entrometerse en un asunto que en última instancia pueda afectar sus objetivos, que, en este momento, poco o nada tienen que ver con la política interna de Egipto.

Sin embargo, esta situación ha desencadenado un poderoso debate interno en las potencias occidentales, que se ven enfrentadas a la disyuntiva de una protesta democrática, pero de resultados inciertos, en una región por la que transita casi el 5% del comercio mundial diario de petróleo (léase, el Canal de Suez) y en donde en el pasado, revueltas similares llegaron a resultados sumamente desafortunados para sus intereses (léase, Irán 1979). Así, por un lado, favorecer las protestas tiene la ventaja de estar del lado de la democracia, pero, de otro, estar del lado del régimen de Mubarak, implica apoyar a un importante y antiguo aliado, que ha mantenido a Egipto en el camino correcto (léase, lejos de una autocracia islámica estilo Irán o Arabia Saudita).

En un mensaje televisado el día de ayer, el Presidente Mubarak prometió iniciar reformas y dejar el poder cuando termine su mandato, lo que ha dejado al mundo occidental –y sobre todo a Estados Unidos- en la expectativa de qué esperar de un Egipto post-Mubarak. Por un lado, están quienes consideran que este es un momento positivo para la democracia en el Medio Oriente y, por otro, quienes temen ver en Egipto la semilla del radicalismo y un verdadero riesgo para la región y, sobre todo, Israel (para un buen ejemplo de ambas posturas ver aquí).

Es verdad que la situación en Egipto es bastante incierta y es verdad que no puede descartarse que un Egipto post-Mubarak tienda a estar en desacuerdo con Estados Unidos más seguido que ahora, pero una política de apoyo total a Mubarak simplemente no es realista. Existen hoy voces (sobre todo de derecha conservadora) que plantean que el rol de Mubarak como aliado de Estados Unidos en el conflicto del Medio Oriente y la Guerra contra el terrorismo es tan esencial, que incluso prima por sobre las legítimas aspiraciones de mayores libertades de los egipcios (es decir, Mubarak “es un %$&#, pero es nuestro %$&#” y por ende EE.UU. debería apoyarlo a ciegas hasta el final).

Una posición semejante no sólo es marcadamente hipócrita de parte del conservadurismo estadounidense (sobre todo después de la justificación supuestamente “democrática” de la invasión a Irak) sino que no tiene sentido desde un punto de vista estratégico.

Como señala el Prof. Steven Walt, “para maximizar su propia seguridad, los Estados desean aliados que sean fuertes, estables y que no les causen mayores problemas estratégicos (por ejemplo, metiéndose en líos contra-producentes con otros). Todo lo demás constante, los Estados están mejor si no tienen que preocuparse de la estabilidad interna de sus aliados y de si un gobierno aliado goza de apoyo considerable de su población. Un aliado que está internamente dividido, cuyo gobierno es corrupto o ilegítimo, o que disgusta a muchos otros países es ipso facto menos valioso que uno cuya población está unida, cuyo gobierno es legítimo y que disfruta de mucho apoyo internacional”.

Pero más allá de fríos cálculos políticos, en el mundo de hoy uno simplemente no puede ver la situación en Egipto y preferir que continúe un régimen como el de Mubarak. Los egipcios tienen derecho a luchar por sus libertades y a organizarse políticamente de la forma que más les plazca, con miras a la satisfacción de sus necesidades sociales y sus derechos civiles y políticos.

Ahora bien, si no apoyar a Mubarak es tanto estratégicamente sensato como moralmente correcto, ¿qué hacer con el hipotético temible escenario de un nuevo Egipto fundamentalista y problemático? Muchos, desde comentaristas conservadores hasta gobiernos nacionales han dejado en claro que, si bien respetan el derecho de los egipcios a luchar por la democracia, temen que los resultados terminen afectando la estabilidad de la región y generen un nuevo Estado Islamista y radical en el Medio Oriente. Como lo pusiera un funcionario del gobierno israelí, mientras en el Mundo ven al Egipto de 2011 como Europa del Este en 1989, Israel ve a Irán en 1979.

Pero el Egipto de 2011 no es lo mismo que el Irán de 1979. Es verdad que una importante fuerza política en Egipto es la Hermandad Musulmana, que es un partido que pregona un discurso islámico conservador, pero, como señala Geneive Abdo, la Hermandad “no ofreció ningún líder propio, sea para negociar con el régimen de Mubarak o para guiar las protestas callejeras, porque teme que la juventud egipcia de hoy –que ha sido exitosa en un corto periodo de tiempo en donde la Hermandad ha fallado por casi 90 años- pueda dejar completamente de lado a la Hermandad si llegase a convertirse en un riesgo político”.

A diferencia de lo que sucedió en Irán, las protestas no son ni ideológicas ni religiosas y no existe una figura como la del Ayatollah Khomeini liderando las revueltas. Lo más probable, en cambio, es que la caída del régimen de Mubarak vuelva a la sociedad egipcia más abierta y variopinta (tan variopinta como la mayoría de democracias, incluyendo las más consolidadas como las europeas y la estadounidense).

Evidentemente, sin embargo, ello también volverá la política egipcia más impredecible y menos constante en su apoyo a las políticas de EE.UU. y sus aliados. No podemos estar seguros, pero es posible que un nuevo gobierno democrático en Egipto decida abrir el paso de Rafah para permitir el ingreso de suministros y materiales de construcción a Gaza; es posible que asuma una posición menos constructiva en sus mediaciones para solucionar el conflicto árabe-israelí; y es posible que su participación en la “Guerra contra el Terrorismo” disminuya, pero, en palabras del Prof. Walt, nuevamente, “a veces uno debe trabajar con lo que tiene”. Después de todo, sería francamente irónico que se permita la imposición militar de la democracia en Irak, pero se la desincentive cuando ésta es el producto del sudor y sangre del propio pueblo gobernado. La democracia, al final, es un baluarte mundial no porque facilite las relaciones interestatales y la satisfacción de intereses de las potencias, sino porque es el sistema que mejor permite el libre desenvolvimiento de las aspiraciones y expectativas sociales de una comunidad.

 

 

 

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4 Responses to Mubarak o no Mubarak, he ahí el dilema

  1. Gisella Alvarado says:

    Muy interesante, altamente recomendable.

  2. Susana Isabel says:

    Estimado señor Gurmendi:
    Gracias por compartir con el mundo sus apreciaciones, pero su frase y la cito aqui: “Lo más probable, en cambio, es que la caída del régimen de Mubarak vuelva a la sociedad egipcia más abierta y variopinta (tan variopinta como la mayoría de democracias, incluyendo las más consolidadas como las europeas y la estadounidense)”, es muy discutible.
    Si tomamos en consideración la encuesta realizada por el grupo Pew Global Attitude Project, muy reconocido internacionalmente, sobre el mundo islámico (los participantes de la encuesta fueron únicamente musulmanes), demuestra claramente que casi el 85% de los egipcios esta a favor de que el Islam tenga más influencia en la política de su país y lo ven como algo positivo. Lo más interesante es que se puede leer, también, en este artículo que mucha gente sigue estando a favor con las siguientes penas muy propias del mundo musulmán: que se corten las manos a las personas en caso de robo y que se lapide a mujeres.
    Aquí el link de la encuesta:
    http://pewglobal.org/2010/12/02/muslims-around-the-world-divided-on-hamas-and-hezbollah/
    La encuesta, mencionada líneas arriba, está en colores naranja y azul, y se ubica a mitad de la página web.
    Saludos
    Susana

  3. Alonso Gurmendi says:

    Estimada Suana,

    Disculpa la demora en contestar tu comentario, recién lo vi hace instantes.

    La verdad es que, por más discutible que pueda ser mi afirmación (todo en este mundo es discutible y he allí lo entretenido), me preocupan las consecuencias de tu comentario. De lo que entiendo, para ti la cultura islámica es retrógrada y a la población islámica no se le puede confiar las riendas de su propio destino porque son primitivos y quieren cortarle las manos a la gente.

    Yo me pregunto qué pasaría si le preguntamos a los peruanos si creen que el catolicismo debería tener mayor influencia en la vida del país y si están de acuerdo con las políticas (retrógradas) de la Iglesia Católica como prohibir el uso de preservativos y todo método de control de la natalidad, prohibir el divorcio y repudiar la homosexualidad. O qué pasaría si le preguntamos a los peruanos si están de acuerdo con pegarle a sus esposas si se “portan mal” o pegarle a sus hijos o si creen que está mal castigar los delitos menores con linchamientos. Estoy seguro de que los resultados te sorprenderían, sobre todo en ciertos sectores de la Sierra.

    Si seguimos tu línea de pensamiento, los dictadores no sólo serían “buenos” para el Medio Oriente, sino para el Perú también! Y no puedo estar de acuerdo con esa premisa, en ninguno de esos casos. Eso sólo nos lleva al paternalismo y la violación de los derechos civiles y políticos de las personas. No puede ser que la democracia sea un privilegio de la cultura occidental.

    Además, el Islám es mucho más que lo que sale en los periódicos!

    Saludos cordiales y gracias por el comentario!

    Alonso

  4. Susana Isabel says:

    Estimado señor Gurmendi:

    Hasta que punto el hecho de “presentar” hechos referidos al mundo musulmán, y esto basándome en una encuesta internacional, pueden llevar a plantear la idea de que los dictadores sean “buenos”? En mi comentario sólo hubo una puesta en escena de hechos empíricos que en nada hacen alusión a que los dictadores sean buenos.
    Muy al margen de todo esto, la historia ha demostrado que los dictadores, ya sean de derecha o izquierda, no fueron la mejor alternativa para sus pueblos.
    Siguiendo con el caso de Egipto, hay que tomar en cuenta que la única oposición con mayor fuerza para tomar las riendas de gobierno es el grupo político-religioso de los “hermanos musulmanes”. Según el diario el país (28.11.2010), este grupo insiste en un Estado gobernado por la aplicación estricta de la ley islámica (sharia). Durante esta campaña, los hermanos han permanecido fieles a su eslogan -“El islam es la solución”- a pesar de que desde 2007 una enmienda de la Constitución prohíbe el uso de lemas electorales religiosos.

    Usted plantea de manera muy aventurada que en futuro próximo en Egipto podría instaurarse una democracia equiparable a la europea. Dicha comparación no tiene ningún fundamento sólido en sus argumentos. Hay mas indicios que hacen sospechar que eso no ocurrirá.
    Es significativo que al nobel de la paz del 2005 lo hayan sacado de la contienda electoral en Egipto, tal como lo señala la revista electrónica Voltaire: El premio Nóbel de la Paz Mohamed el-Baradei –al que los Hermanos Musulmanes habían escogido durante la revolución como vocero para ofrecer una imagen de apertura– fue agredido físicamente por los mismos Hermanos Musulmanes durante el referéndum constitucional y ha sido apartado de la escena política.

    Sería interesante que usted como abogado pueda informarnos sobre los fundamentos democráticos y pro-derechos humanos que plantea la principal fuerza opositora de Mubarak, “los hermanos musulmanes”. Así como también los fundamentos democráticos y pro-derechos humanos de la ”ley de la sharia”, la cual ellos han declarado públicamente que quieren instaurar en caso de llegar al poder.
    Como usted señala, cada pueblo es libre de tomar las riendas de su futuro como mejor les plazca y debe quedar claro que en ningún momento he pretendido decir que para mi el mundo musulmán sea retrógrado ni nada de como usted señala.

    A mi queda claro que parte de la democracia es que debemos aceptar a las demas personas con sus costumbres y/o creencias, yo sólo he presentado algunos hechos que deberían tenerse presente.
    Me pregunto también hasta qué punto una opinión personal de la señora Geneive Abdo, la que usted cita en la entrada de este blog (la juventud egipcia puede dejar completamente de lado a la Hermandad si llegase a convertirse en un riesgo político) puede tener más asidero que una encuesta realizada por un organismo internacional (Pew Global Attitude Project) en la que se plantea que el 85% de los egipcios está a favor de que el Islam tenga más influencia en la política de su país, pues me trae serias dudas.

    Es más, encuentro inconsistencias en cuanto al comentario de Geneive Abdo, el cual usted citó en su artículo, y aquellos artículos y libros publicados por ella misma en donde habla sobre el triunfo del Islam en Egipto.

    Pero más allá de eso, se trata de que en una democracia salga elegido el grupo más votado por la mayoría. Y si se da el caso de una eventual instauración del Islam como régimen político-religioso ( y por antonomasia del Corán, y la ley de la sharia) elegido por el pueblo, pues esto sin lugar a dudas debería respetarse por parte del mundo occidental.

    Ahora bien, en cuanto a lo que podemos saber acerca del islam, se entiende que el Corán es la fuente más importante que rige la vida del cuidadano civil. En mi caso, convivir con grupos musulmanes en Europa y tener amigas musulmanas especialmente egipcias y turcas me permitió conocer más de cerca a esta religión y sus practicantes. Conocí a varias personas de confesión católica que se habían refugiado de países musulmanes, como Irán, a Alemania porque estaban a punto de ser linchados en el país que los vio nacer. Ayuda mucho leer libros e informarse sobre el trabajo valioso que vienen haciendo mujeres con coraje civil, como Serap Çileli (ella posee una organización que ayuda a las mujeres musulmanas que son víctimas de los matrimonios forzados y lucha, también, para que desaparezcan los asesinatos cometidos por defender el honor de la familia).

    También esta Sabatina James, paquistaní de nacimiento y que sufrió en carne viva vejaciones por parte de su esposo-primo en nombre de Alá y el Corán y que ahora acaba de formar una organización de ayuda a la mujer musulmana que está sometida al acto de los matrimonios forzados. Otra mujer representativa es la doctora Wafa Sultan, y así, como usted verá la lista es muy larga porque como usted dice “el Islam es mucho más de lo que sale en los periódicos”.

    http://crispal.blogspot.com/2010/02/sabatina-james-escritora-en-el-islam-el.html

    Saludos

    Susana

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