¿Se necesita cambiar el modelo económico para reducir la desigualdad? Acerca de las reformas postergadas en la agenda electoral

Por: Augusto Cáceres V., candidato al LL.M. por Columbia Law School. Asociado del Estudio Ferrero Abogados

No es un secreto que el resultado de la primera vuelta electoral nos ha dejado un tremendo sinsabor al ponernos en la disyuntiva de escoger entre dos candidatos que no sólo representan posturas opuestas en muchos temas trascendentales, sino que tienen trayectorias y relaciones que ponen en duda su transparencia, honestidad y respeto por los derechos humanos y la democracia. Ambos. Estamos, una vez más, ante un escenario en que la mayoría va a tener que elegir no a aquel candidato que sea el mejor, sino, al “menos malo”. Es decir, esto será no una lucha cuerpo a cuerpo, sino una lucha anticuerpo a anticuerpo por ganarse al electorado que no los apoyó en la primera vuelta.

Pero un tema que, incluso desde la primera vuelta ha quedado, en mi opinión, relegado, es el de la reforma del Estado. Hemos escuchado muchas veces esa frase, de seguro que nos la han prometido, pero nunca, quizás convenientemente, nadie le ha querido dar real contenido. ¿Por qué es importante reformar el Estado en el Perú? ¿Qué trascendencia puede tener en el contexto actual? Es fundamental. Y voy más allá inclusive: quizás sea la herramienta más efectiva que podemos tener para acortar la desigualdad en el país.

Hoy por hoy, la discusión se está centrando en atacar los pasivos de cada candidato; por el lado de Keiko Fujimori, el pasado dictatorial del gobierno de su padre y la violación de los DDHH cometida durante la época de la guerra contra el terrorismo; por el lado de Ollanta Humala, sus propuestas de modificar la Constitución para implementar una serie de medidas económicas que harían posible una mayor participación del Estado en la Economía, pero que tiene un aroma a recetas intervencionistas del pasado. El problema es que la mayoría de gente (hoy muy activa en las redes sociales) no ha leído los planes de gobierno de ninguno de los candidatos y se lanzan a realizar afirmaciones y críticas “de oídas” que no tiene un real sustento. Por ello es importante que aquellos que aún no tienen definido su voto y que están en la disyuntiva de cuál es, para ellos, el mal menor, revisen pues los planes que los partidos han puesto a disposición del público para que cada uno saque sus propias conclusiones.

En lo que a mí respecta, luego de haber analizado las propuestas de ambos, creo que hay, aunque no lo crean, una coincidencia de intenciones muy grande. Me explico. Ambos planes proponen reducir la pobreza, mejorar la educación, incrementar la seguridad ciudadana o promover el turismo. El tema pasa, lógicamente, por como lo hacemos. Uno de ellos propone continuar con el “modelo” económico actual y el otro sugiere hacer un cambio sustancial de “modelo”, como vía para alcanzar, en parte, aquellas metas que le han trazado al país. Pero entonces, ¿qué debemos hacer? ¿Debemos seguir el modelo tal cual o debemos cambiarlo radicalmente? Ni lo uno, ni lo otro. Pero para esto es necesario entender exactamente cual este modelo que, por un lado, nos dicen que no funciona y que debemos cambiarlo y, por otro, nos dicen que debemos de preservar.

El “modelo” -tal cual lo conocemos hoy y que está recogido en la Constitución- está basado en la apertura de mercados y la libre iniciativa privada como motor de la Economía del país. Esto deja al Estado como el encargado pues de tareas subsidiarias y de control en el plano económico y de actividades más directas en el plano social. El problema surge en que, quienes han estado en el poder, han sido bastante eficaces en llevar a cabo a primera parte del “modelo”, es decir, implementar (o no modificar) las políticas que permitan que la actividad privada sea el eje de la economía y que esta se conduzca dentro de los límites que impone la ley y que necesita el mercado (como la regulación de ciertas industrias o la protección al consumidor), pero no han sabido ejecutar la otra parte de aquel “modelo” y que, casualmente, es donde el Estado debe tener un accionar más directo.

¿Qué tiene que ver esto con la reforma del Estado? Ahora llegamos a eso. Decía que los gobiernos pasados han fallado en ejecutar la otra mitad de su parte, es decir, las políticas sociales directas que tratan de poner en igualdad de condiciones a los que tienen y a los que no tienen. El modelo neoliberal puro no existe, no se aplica en el Perú, ni en ninguna parte del mundo. Lo que tenemos es lo que se llama una “Economía Social de Mercado”. ¿De dónde salió esto? Simplificando bastante el asunto, en el hecho de que el Estado no puede únicamente quedarse de brazos cruzados mientras la actividad privada se dedica a desarrollarse, pues esta puede originar crecimiento, pero difícilmente genera redistribución de riqueza, al menos no en cantidades importantes o lo hace a muy largo plazo. Es por ello que al Estado le toca tener un rol activo en aquello en lo cual la actividad privada es menos eficiente: la reducción de las desigualdades. Es decir, cada parte, los privados y el Estado, se dedican a sus tareas, tareas complementarias destinadas a que la Economía crezca gracias al intercambio entre privados y a que ese crecimiento llegue a todos, incluso a aquellos que no participan de ese intercambio, mediante políticas sociales y asistenciales. ¿Qué es lo que ha pasado entonces en los últimos años? La Economía peruana ha crecido a tasas astronómicas -no solo numéricamente sino comparativamente a nuestros vecinos de la región e incluso al resto del mundo-, pero ese crecimiento no le ha llegado a un gran sector de la población. Es cierto que la pobreza se ha reducido sustancialmente en los últimos años, lo cual es un logro bastante importante, pero aún tenemos un nivel de pobreza superior al 30%. Eso quiere decir, que casi 10 millones de peruanos son pobres. Eso, señores, es mucho. La política del “chorreo” sí funciona, pero no vale por sí misma para reducir la brecha entre lo más ricos y los más pobres. Es ahí donde ha fallado el Estado en los últimos años. Y es ahí, entonces, donde se deben enfilar las baterías para el cambio.

Ahora bien, ¿de qué depende ese cambio? En mi opinión, de dos cosas fundamentales. Por un lado, en le reorganización de los ministerios y agencias estatales que se ocupan de cada tarea, así como la implementación de planes realistas -no populistas- que ayuden a que aquellos a los que aún no les llega el crecimiento económico no sufran tan traumáticamente por esa desigualdad. Por otro lado, se necesita que personas realmente capacitadas estén a cargo de dichas reformas y de su implementación. Con esto no me refiero a que el ministro sea un tipo de trayectoria reconocida, sino sobretodo a que los técnicos que trabajan en cada agencia estatal sean personas de las más altas calificaciones. La pregunta del millón se la deben estar haciendo ustedes: ¿y cómo lo hacemos? No, no les voy a decir “es muy sencillo” porque no lo es. Pero lo que sí es sencillo es tener la voluntad política de hacerlo y ese es el primer paso. Los gobiernos pasados no han tenido esa voluntad y sin eso es imposible hacer reformas importantes.

Ahora sí, ¿qué tiene que ver entonces la reforma del Estado? Más del 60% del presupuesto nacional se va al gasto corriente, lo cual incluye planillas y demás gastos operativos. Quizás no tendríamos problema con ello si supiéramos que es plata bien gastada, pero vamos, existen miles de organismos del Estado que ni siquiera se sabe para qué existen y donde trabajan miles de personas que ni se saben qué es lo que hacen. Cuando surge un problema, la respuesta típica es crear un organismo (o incluso un ministerio) y llenarlo de gente. ¿Eso resuelve el problema? Claro que no. Lo que debe hacer el gobierno es llevar a cabo un real análisis de qué instituciones y organismos realmente funcionan, cerrar aquellas que no tienen una tarea clara, reducir aquellas en donde hay demasiado personal para una sola tarea y empezar a redistribuir los recursos hacia aquellas agencias que más los necesitan. Sin duda, no es una tarea fácil, pero es una tarea que debe hacerse. Eso permitirá mejorar la eficiencia en la distribución de las partidas presupuestarias, para empezar. Pero ahí no queda el asunto. El segundo punto importante es el personal que debe quedar a cargo de cada tarea. El gobierno debe implementar una política salarial clara y competitiva con el sector privado. Es imposible que el Estado pueda atraer a los mejores profesionales si no se les paga bien. Esto se ha dicho infinidad de veces, pero al parecer nadie lo escucha realmente. No se trata de si el Presidente gana mucho o poco, eso es lo menos relevante. Lo fundamental es que los técnicos que trabajen para el Estado estén bien pagados. Solo así podremos contar con profesionales de calidad en cada área. Asimismo, no basta únicamente con los salarios, sino con la fiscalización, las evaluaciones y también la estabilidad del trabajador público. Así como cuando uno trabaja en una empresa y quiere saber cuánto le van a pagar, que debe hacer para ascender y que no debe hacer para no perder su trabajo, en el Estado debe pasar lo mismo. Sin una reforma de este tipo, será imposible que el próximo gobierno pueda realmente financiar un cambio que reduzca la pobreza y la desigualdad entre los peruanos. Por eso decimos que la reforma del Estado es fundamental.

Quizás muchos hemos escuchado que la inversión en educación es fundamental, que hace falta invertir en la salud pública y que deben incrementarse las partidas en el presupuesto nacional, pero a la vez hemos visto cómo no se ha cumplido con ello o que, si se han incrementado, no ha sido de manera sustancial. Siempre nos han justificado diciendo que el país tiene problemas más graves e inmediatos que resolver. Fuera de si la excusa nos parece válida o no, lo cierto es que el buen momento económico por el que pasa el país hace que esa excusa hoy no sea válida. El país ya no tiene preocupaciones más inmediatas que la educación y la salud de sus habitantes. El país crece a tasas de 7% anual, tiene reservas internacionales por más de $35 mil millones, tiene una caja fiscal ordenada, etc.. Este es el momento de voltear la preocupación hacia las verdaderas reformas que hemos ido postergando. Si no lo hacemos hoy, quizás la próxima sea demasiado tarde. Ojala y no suceda, pero si en algún momento la bonanza económica se acaba y no hemos hecho la inversión en educación que se necesita, la vamos a volver a relegar. No esperemos a eso, actuemos hoy mismo. El próximo gobierno tiene la obligación de que esta sea su preocupación principal. No es necesario cambiar la Constitución, cambiar el modelo, que el Estado vuelva a operar los aeropuertos y los puertos, elevar los aranceles a las importaciones, controlar el tipo de cambio, renegociar los TLC o un sinfín de medidas que nos ponen en riesgo de que el crecimiento económico que existe se vaya por el caño. Lo que realmente necesita el país es un Estado eficiente y dedicado a invertir en su gente, pero invertir de verdad. Y para eso se requiere una verdadera reforma del Estado que distribuya los escasos recursos públicos hacia donde más se necesitan. Sólo de esa manera, no en 5 ni en 10 años quizás, pero si en el futuro, podremos decir que la brecha ya no existe y que vivimos en un país desarrollado. Hasta eso, siempre seremos una promesa y nada más.

5 Responses to ¿Se necesita cambiar el modelo económico para reducir la desigualdad? Acerca de las reformas postergadas en la agenda electoral

  1. HIDELBRANDO dice:

    Se está convirtiendo en un lugar común expresar ese “tremendo sinsabor” que han dejado las últimas elecciones. Decirlo me parece un total despropósito, hace que quien lo expresa se ubique por encima de cerca del 55% de peruanos que han votado por las dos opciones ganadoras (NADA MENOS QUE LA MAYORÍA DE PERÚANOS). Es decir, se continúa en la peor sordera, no hacer caso a la mayoría.
    Si bien el esquema actual (Constitución 1993) deja al Estado un rol subsidiario, miremos los resultados. Si decimos que tenemos un 30% de pobreza significa que el esquema funciona; en tanto que, ha resuelto el problema del 70% de peruanos. Si ello es así, resulta que el esquema actual no se encuentra en una posición tal que quien entre a gobernar lo pueda cambiar tan fácilmente (el APRA con todos los vaticinios del 2006 no lo ha movido UN APICE). El sinsabor deviene pues en infundado como lo fue el 2006.
    Para arreglar el problema del 30% de peruanos lo que debe hacer el Estado no es asistencialismo a largo plazo (sólo como emergencia), sino preparar el terreno para que dicho porcentaje se incorpore al mercado y así resuelva su problema, dentro del modelo que la Constitución establece (no olvidemos que además establece que es deber del Estado la defensa de la persona humana y de su dignidad, así como la defensa de los derechos humanos y demás contenido que aparece en los documentos cuya firma se viene gestionando, como si no fuera suficiente con un único punto: RESPETAR LA CONSTITUCIÓN). Para ello pienso que no es necesario hablarle nuevamente al Perú de algo en lo que ya no confía: nuevas reformas; que se hagan los ajustes necesarios, el modelo avisará cuando se encuentre agotado (reversión de los porcentajes). Este tema es inagotable.

    • Augusto Cáceres V. dice:

      Estimado Hildebrando,

      Te agradezco el comentario. Cuando hablo de haber dejado un sin sabor, lo hago no sólo por el 53% de peruanos que no votaron por los candidatos que han pasado a segunda vuelta (Humala y Fujimori suman 47% de los votos emitidos, los votos válidos omiten los blancos o nulos), lo cual podrías decir representa a la mayoría del Perú, sino por incluso aquellos que pueden haber votado por alguno de esos candidatos y que ven como el contricante puede haber sido una opción indeseable para ellos y que aun puede tener opciones de ganar (si votaste por Humala quizás hubieses preferido que el contrincante sea Toledo y no Fujimori). Créeme que no me ubico por encima de nadie ni pretendo desoir lo que un gran grupo de peruanos expresan. Al contrario, y esa es la razón del artículo.

      En todo caso, yo no he dicho que el modelo funciona tal como se ha pensado. Precisamente digo que es una falacia decir que el modelo funciona así por así, que lo único que se ha hecho es una parte del modelo que es la más fácil y se ha omitido la más crucial que es actuar directamente para acortar la brecha. En efecto, concordamos en que lo que se necesita no es asistencialismo, se necesita real inversión en salud y, sobretodo, en educación. Transformar la educación del país es la única vía para que el país se pueda finalmente convertir en un país desarrollado. Sin eso, por más crecimiento económico que exista, no veremos cambios sustanciales en el país.

      Y sobre el tema principal, es decir, la reforma del Estado, precisamente el tema es que nunca se ha hecho. La campaña del APRA en el 2006 prometía esto pero lo único que hizo fue reducir los sueldos de los funcionarios públicos y limitar las nuevas contrataciones (lo cual es contraproducente), pero no se llevó a cabo una real reforma tal cual la hemos planteado. Y antes de eso, ningún otro gonierno lo ha hecho. Por eso digo que es la reforma que se ha postergado injustificadamente y que es realmente necesaria. No es una reforma más.

      Gracias por leer y comentar.

      Saludos,

      Augusto

  2. patricia dice:

    muy buen articulo, dos elementos que faltaria mencionar son: (1) la urgencia de una revision y modificaciones en el marco normativo de la administracion publica que se constituye en camisa de fuerza para quien teniendo capacidad y voluntad sin embargo se ve limitado de impulsafr acciones conducentes a mejorar la entrega del servicio publico, incluso en muchos casos termina envuelto en procesos administrativos. por ello una buena cantidad de funcionarios se abstiene de hacer algo mas alla de lo que le dicen sus funciones. (2) la necesidad de cambiar el modelo de gestion publica actual, de uno basado en actividades a otro orientado en resultados; el funcionario que se limita a hacer su funcion es porque en el fondo no se siente responsable de resultados solo de hacer lo que le toca

  3. Emma Egea Fernández del Pino dice:

    He dejado el link porque quisiera poder comentar la posibilidad de que el Perú avance saltando etapas. En Europa ya se ha intentado un sistema económico intermedio en el que se han compartido responsabilidades entre el sector privado y el Estado. Como todos sabemos, ha sido un despropósito más. En estos radicalismos de extremos no hemos conseguido encontrar el sistema económico ético que sea capaz de asegurar el bienestar de todos y que sea productivo. Sin embargo, la corriente que se está dando en Europa a raíz de un estudio del Prof. de economía de la Universidad de Austria es la de implementar un nuevo modelo económico que toma la forma de una capitalismo dirigido, sin embargo, no dirigido por el Estado. Me gustaría que analizara, D. Augusto Cáceres, y me diera su opinión de experto a las medidas inéditas que propone la iniciativa.

    http://www.economiasolidaria.org/noticias/la_economia_del_bien_comun

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