Violencia con “G”

Por: Úrsula Indacochea Prevost. Abogada Senior del Estudio Echecopar Abogados. Magister en Derecho Constitucional por la Pontificia Universidad Católica del Perú, actualmente cursa el segundo año en el Master en Estudios Avanzados en Derechos Humanos en la Universidad Carlos III de Madrid.

La violencia de género no solo afecta el derecho a la integridad, a la salud y a la vida. Además, es una de las formas más extremas y generalizadas de discriminación porque es un fenómeno social que impide y nulifica de forma severa el ejercicio de los derechos de la mujer. Cuando la violencia de género se ejerce al interior del núcleo familiar, estamos ante el fenómeno de la violencia doméstica.

Los organismos internacionales de protección de los derechos humanos han empezado a combatir la violencia de género utilizando una nueva estrategia: considerarla una forma extrema de discriminación. Ello, porque el riesgo de sufrir actos de violencia se incrementa precisamente en función de los mismos factores que sirven para identificar los casos más graves de discriminación: el sexo, la edad, el origen étnico, la raza, nivel económico, etc. Así, la vulnerabilidad de la víctima es mayor cuando concurren varios de tales factores, siendo más vulnerable una mujer negra, menor de edad, indígena, pobre e inmigrante, que por ejemplo, un hombre blanco de mediana edad y nivel socioeconómico medio, que vive en la ciudad. Esto es lo que se conoce como la “la escala de vulnerabilidad”.

En el Derecho Internacional, encontramos que el artículo 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) señala que los derechos y libertades reconocidos pertenecen a todas las personas, sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica o nacimiento. Ha sido este instrumento, el que ha sido invocado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para enjuiciar los actos de violencia de género cometidos –o más bien, no impedidos- en Estados no signatarios de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, como ocurrió con Estados Unidos en el Informe de Fondo Nº 80/11 correspondiente al Caso Jessica Lenahan, emitido en agosto último.  Desde la perspectiva de la protección de los derechos humanos, dicho artículo 2 parece tener incluso mayor virtualidad que el escueto artículo 24 de la Convención, que se limita a declarar que “todas las personas tienen derecho, sin discriminación, a una igual protección de la ley”.

Ahora bien, existe un instrumento internacional específico destinado a la protección de los derechos de las mujeres: la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer”, más conocida como la Convención de Belem do ParḠadoptada por la Asamblea General de la OEA en junio de 1994, y que ha sido ratificada por el Perú en febrero de 1996.  En su artículo 3 se proclama el derecho de toda mujer a una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como en el privado.

Ahora bien, la Convención de Belem do Pará reitera algo que para muchos puede ser obvio: que la mujer tiene derecho al reconocimiento, goce, ejercicio y protección de todos los derechos y libertades que se reconocen a todas a las personas en los instrumentos sobre derechos humanos, tanto universales como regionales. Y seguidamente, se realiza una enumeración de algunos de los derechos más afectados en situaciones de violencia de género: derecho a la vida, a la salud, a la integridad física, psíquica y moral, a la libertad y a la seguridad personales, etc.

¿Era necesario subrayar esta titularidad, y duplicar la protección de tales derechos en un nuevo instrumento como la Convención de Belem do Pará? La respuesta, en la línea que esbozamos al inicio de este comentario, aparece en su propio artículo 5, y es que “la violencia contra la mujer, impide y anula el ejercicio de esos derechos”.

La nueva estrategia de protección, al enfocar violencia de género como un caso grave de discriminación, es acertada en la medida que supone una exigencia más intensa para los Estados, quienes tienen la obligación de prevenir, perseguir, sancionar y reparar una de las violaciones más graves a los derechos humanos. Una violación que mutila la dignidad de las mujeres, y su capacidad de ejercer los derechos y libertades básicas, que en buena cuenta, no son otra cosa que instrumentos con los cuales todos nos autodeterminamos, perseguimos nuestros planes y decidimos sobre nuestra propia vida, para acercarla a su plenitud.

*Imagen tomada de la galería de kennyrivas

2 Responses to Violencia con “G”

  1. Estimados señores.
    TOTALMENTE de acuerdo. Son siglos de trato desigual que deben irse modificando a fin de construir una sociedad justa; empezando por aquellos que sufren la carga más pesada en nuestra sociedad, como son las mujeres. Realmente es penoso constatar a diario que incluso cuando los estándares sociales dan una apariencia de trato justo; en realidad están imponiendo una conducta según las reglas y modos de actuar aprendidas dentro de un contexto machista. Tal ocurre cuando una ama de casa, empleada, profesional, estudiante, etc, se ve obligada a adoptar posturas entre comillas “femeninas” (en el sentido de ser más frágil o apelando a cierta coquetería o gracia corporal) y ceder su posición como persona adulta; para conseguir ciertos objetivos que el sujeto masculino obtiene con un comportamiento netamente adulto. Así mismo, es clamorosa la falta de comprensión de la sociedad acerca del derecho que tiene la mujer de expresarse y vivir según su libre decisión. La carga cultural es tan intensa que aún aquello que es más propio del ser femenino (la identidad sexual) pretende ser enajenado con la excesiva exposición de personajes transvestidos en los medios de difusión; haciendo gala de desprecio incluso de aquellos seres humanos cuya personalidad es confusa. Tal es la miseria moral de la sociedad que ahora las niñas son forzadas a parecer adultas con ropas y maquillajes de mujer mayor, tanto en la publicidad como en los colegios, clubes, etc. Opino que la preocupación por el respeto a la mujer debe ser constante, en cada tramo del quehacer diario y en cada instancia; pero más que todo en la propia casa y en la propia familia.
    Atentamente

  2. Carlos Agudelo dice:

    Saludo especial a la comunidad virtual:

    Es cierto que en el mundo entero las condiciones culturales tienen re reformularse, la conducta humana ha llegado en muchos momentos de la historia al más alto nivel de cosificación por no denominarlo semejanza del animal carnívoro.

    Los hitos históricos ya hacen parte de los buenos relatos que podemos encontrar en los libros de historia. Pero no lejos de esos libros, el ser humano se está enfrentando a una realidad, a realidades ya vividas, pareciera como si la humanidad del hombre estuviera cayendo en amnesia total o absoluta por que está olvidando los hechos del pasado, lo que es peor, está olvidando su propia historia.

    No me sorprende en absoluto que exista maltrato familiar, que exista violencia en todos los tipos sea de género o cualquiera se la diferenciación, tampoco me sorprende que el ser humano este envuelto en el manto del idiota siguiendo a gobernantes formados en la escuela de la tiranía, en donde su pensum académico se remite a clases de aristocracia, de burguesía, de dictadura, y se gradúan en expertos en defraudación de patrimonios, expertos en celebración indebida de contratos, en fraude a la ley, en la violentarían del ser humano mismo entre otras cosas más que no sorprenden sino que dan pena.

    Una historia vivida, narrada y contada, los novelistas la cuentan a diario, la brutalidad de los hermanos karamazov, los 100 años de soledad o mejor de ausencia de Estado, las historias de abuso de poder contadas por el mismo George Busch, todas estas, en nombre de la seguridad nacional. La novela como narrativa tiene tanto de imaginario como de real. Lo que no es imaginario en como el imperio de la humanidad sustentado en la dignidad se derrumba.
    Qué cosas, cuando en una familia la preocupación es la violencia familiar por causas como la disfunción de la familia, en el cuerno de África, las familias dada la hambruna, ni siquiera tiene tiempo para la violencia. Quienes tienen tiempo para ella, son los que están bien, lo que quieren asumir los mandos, camuflando sus maldades en eslogan de democracias modernas. Bien lo decía el quijote acomodando su frase a hoy “Las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada”.

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