Ante un temido pero necesario fortalecimiento de la SUNAT

Por: Karen Alegría San Miguel, Asociada Senior de KPMG Grellaud y Luque Abogados 

Con fecha 22 de diciembre de 2011, se publicó la esperada y comentada Ley de Fortalecimiento de la SUNAT, la cual nace con el objetivo de fortalecer dicha institución en la lucha contra la evasión y la elusión tributaria.

De acuerdo a la información vertida tanto por el Ministro de Economía, Luis Castilla, como por la Jefa de la Superintendencia de Administración Tributaria (SUNAT), Tania Quispe, la norma ha sido adoptada a fin que el Perú salga del nivel “estancado” de la presión tributaria que actualmente fluctúa entre 14.5% y 15.5%. El objetivo es incrementar dicho porcentaje al 18% una vez concluido el presente periodo presidencial[1].

Es un hecho que la recaudación fiscal en el Perú no ha mejorado en los índices que se hubieran estimado, considerando el nivel de crecimiento económico que nuestro país atraviesa. Ello se puede deber si bien es cierto a que lo países latinoamericanos tienen un menor grado de la denominada “conciencia tributaria” que los Estados Unidos o los países europeos[2], lo cierto es que nuestro ente recaudador de tributos no ha optimizado sus funciones de agente fiscalizador y sancionador de manera equitativa en los diversos sectores de industria y producción.  Así, mientras han sido las empresas mineras y determinados grupos económicos los que a la fecha han venido soportando el mayor grado de presión tributaria, las pequeñas y medianas empresas, así como los profesionales independientes  son los que muestran menores índices en el cumplimiento de sus obligaciones tributarias.

Una de las primeras acciones que adoptó la SUNAT hace unos años atrás y que ha venido dando resultados de modo progresivo, es la adopción de sistemas de control formal que han incidido en el incremento de la recaudación de impuestos indirectos como el Impuesto General a las Ventas. No obstante, la recaudación de impuestos directos como el Impuesto a la Renta no ha seguido dicha suerte.

Ante dicho escenario, resulta imperativo que la Administración Tributaria no solo ejerza un mejor control de las obligaciones tributarias, sino que además amplíe la base tributaria, incorporando nuevos agentes que hasta la fecha venían omitiendo el pago de sus impuestos[3], sin dejar de garantizar los derechos de los administrados dentro de los procesos de verificación o fiscalización que aquella inicie.

Para cumplir dicho objetivo; se necesita sin duda un cambio estratégico dentro de la propia estructura de la SUNAT. La pregunta que surge entonces naturalmente es ¿cómo se plantea el Ejecutivo alcanzar dicho objetivo? Y ¿Qué cambios son necesarios para alcanzar ese objetivo?

Pues bien, luego de una revisión a la denominada Ley de Fortalecimiento de la SUNAT, apreciamos que más allá de reiterar y establecer de manera expresa cuales son actualmente las funciones que debe desarrollar aquella institución, el gran cambio consiste en el establecimiento de una estructura remunerativa diferenciada aplicable a sus funcionarios, incluyéndose como propuesta el otorgamiento de bonos por cumplimiento de metas de recaudación[4].

Si consideramos que son los ingresos tributarios los que permiten en la mayoría de los casos, el mantener no solo a otras instituciones públicas, sino que además son aquellos la principal fuente de ingresos para la ejecución de obras públicas, resulta razonable que sus funcionarios tengan pues una escala remunerativa diferenciada frente a otros funcionarios públicos.

Claro está que el establecimiento de dicha diferenciación, tiene que llevar consigo el dotar a dicha institución del mejor capital humano, adquiriendo dentro de su nueva estructura a los técnicos necesarios que le permitan alcanzar los objetivos trazados, garantizando a la vez a los contribuyentes, que su accionar respetara los límites de lo razonable. Tal como ocurriría en cualquier empresa, el contar con personal técnico profesional más capacitado, genera eficiencias dentro del desarrollo del conjunto empresarial, siendo por tanto el mayor gasto laboral solo una inversión que se ve redituada en el mediano plazo.

Ahora bien, conocedores de los requerimientos que hasta la fecha estipulaban organismos como la SUNAT para acceder a un puesto dentro de las filas de la institución, muchas veces se otorgaba o daba mayor preponderancia a aquellos técnicos que tenían mayor tiempo dentro del régimen publico, situación que consideramos debe también ser evaluada dentro del proceso de cambios que plantea la SUNAT, dado que en muchas oportunidades los técnicos que hoy transitan en el régimen privado pueden aportar una nueva visión que complemente y equilibre la visión recaudadora que tiene como vértice la SUNAT. Ello podría dar mayor tranquilidad y aires de confianza dentro de un sector empresarial que a la fecha solo ve en la SUNAT un ánimo de recaudar más sin mejorarse las garantías previstas para los administrados.

Quienes hemos estado dentro de la actividad privada hemos apreciado como en los últimos años se han incrementado las fiscalizaciones de la SUNAT a empresas catalogadas dentro del rubro de principales contribuyentes, las cuales luego de un largo proceso de fiscalización, afrontaban acotaciones basadas en criterios muchas veces netamente formalistas, viéndose en la necesidad de acudir a una instancia de reclamación que la mayoría de veces respaldaba el criterio establecido por el agente fiscalizador, siendo recién la instancia de apelación o judicial quienes revertían dicha acotación luego de un periodo de 6 años. Este tipo de actitudes no son las más óptimas para iniciar un proceso de cambio como pretende hacerlo actualmente la SUNAT.

En ese sentido, valoramos el hecho que el Ejecutivo haya tomado la decisión de fortalecer el sistema laboral de los actuales funcionarios de la SUNAT dándoles un escenario más competitivo, permitiéndose a los contribuyentes tener la seguridad que quienes los fiscalizaran serán profesionales de alta calidad técnica. Asimismo, el captar un mayor número de profesionales calificados deberá permitirle entonces a la SUNAT racionalizar sus recursos a fin de equiparar la presión tributaria en los diversos sectores de la economía.

Sin perjuicio de lo mencionado, debemos indicar que si bien la medida adoptada es un inicio del cambio, esta no es por sí sola suficiente.

La imagen actual que proyecta la SUNAT no es de las mejores dentro de los organismos públicos, siendo por tanto necesario que así como se realiza una reestructuración de carácter interno, se flexibilicen también ciertas medidas formales que encarecen la operativa actual de las empresas tanto grandes como medianas.

Asimismo, se requiere una mayor participación de los funcionarios dentro de otros sectores no empresariales, como lo es el régimen de los profesionales que muchas veces omiten el pago de sus impuestos, creando una brecha importante dentro de los niveles de recaudación fiscales.

La norma bajo comentario ha dejado aun varios vacios que se verán definidos en los próximos meses a través de su norma reglamentaria, por lo que estaremos atentos ante la implementación de aquellos.


 [3] De acuerdo a una publicación en el Diario Gestión de fecha 2.1.2012, la SUNAT ha detectado que el 47% de los contribuyentes no emiten los comprobantes de pago a los que se encuentran obligados, omitiéndose con ello el pago del Impuesto General a las Ventas, así como el Impuesto a la Renta asociado.

[4] Sin duda aun cuando esto último podría asustar al sector privado, lo cierto es que ello no es un temor fundado siempre que se establezcan límites razonables para su otorgamiento

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One Response to Ante un temido pero necesario fortalecimiento de la SUNAT

  1. Luis H says:

    Algo que llama mi atención es la liberación de restricciones presupuestales en los organismos técnicos y en los decentralizados públicos adscritos al Ministerio de Economía y Finanzas para el tema de los incrementos en las escalas remunerativas de sus trabajadores. El Ministro Castilla, en su casa, es muy condescendiente en lo salarial, no escatima gasto, pero para otros sectores hace todos los esfuerzos por restringir el gasto, y así no capta mejores profesionales para la mejora sectorial.

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